sábado, 14 de marzo de 2015

Encuestas y rigurosidad informativa: explicar un método para evidenciar otro

Por el Lic. Gustavo F. González*

Supongo que usted ha leído alguna de las tantas encuestas que nutren hoy en día medios gráficos, radiales, televisivos, Web y redes sociales. Supongo, que como a tantos, debe llamarle la atención la disparidad de porcentajes y datos que presentan encuestadoras de renombre o no tanto a lo largo de nuestro país, en cuanto a los resultados que presentarían las  elecciones a nivel nacional, provincial y local. Esos diferentes resultados pueden deberse a dos tipos de errores: los muestrales (se equivocaron en las personas encuestadas, seleccionaron sin ningún criterio de aleatoriedad, sobre o sub-representaron algún grupo etario, de género, de condición socioeconómico o sociocultural, etc.); o errores no muestrales (problemas humanos en la carga de datos, los encuestadores incidieron en las respuestas, se leyeron mal los datos y el informe es inexacto, etc.). A estas “anotaciones” para una más adecuada lectura de una encuesta,  deberíamos agregarle saber quién la hizo (generalmente lo sabemos), quién la paga (generalmente no lo sabemos), fecha de realización, lugar o lugares, cantidad de preguntas, tipo de preguntas, qué se preguntó y cómo, margen de error, tipo de encuesta, tasa de no respondencia, entre otros datos necesarios.  Bien, llegamos a los resultados: se realiza el informe; el otro paso es su publicación. Si hay, si se pide rigurosidad informativa, lo informado no debe variar con el resultado de la encuesta.

Pero por supuesto que estas publicaciones generan sentido; por ejemplo no es lo mismo que primero sea A, que B o que C; que la distancia entre uno y otro sea dentro del margen de error (generalmente las encuestas publicadas tienen un margen de error superior al +/-3 %, es decir que el resultado obtenido por A puede ir 3 % para arriba o para abajo, igual que el candidato B y el C); no es lo mismo que pregunte por candidato, por formula, que encueste intención de voto o imagen, que encueste para las PASO (con muchos candidatos por partido o frente) o que pregunte para las generales, que pregunte balotaje, que ponga todos los candidatos o sólo algunos, etc.
Es decir, que la complejidad que presenta una encuesta, aquí desarrollada brevemente, requiere rigurosidad en varias de las etapas que van desde la confección del cuestionario, la muestra, el trabajo de campo, el proceso de data entry,  la realización del informe y la publicación de los resultados.
Estos criterios de rigurosidad que se deberían observar al publicar una encuesta, vale aclarar, generalmente no son cumplidos por los medios de comunicación; otras tantas veces tampoco son respetados por las empresas encuestadoras.
Si se pide rigurosidad informativa, lo informado no debe variar con el resultado de la encuesta
Por eso cuando se verifica tamaña diferencia en los resultados de las encuestas, se sospecha que se incide para buscar un efecto en lectores, grupos de presión, decisores, partidos políticos u opinión pública en general. Por supuesto que estas muchas veces abismales diferencias entre los resultados, horadan la confianza en éste válido método científico estadístico. Vale aclarar, en nuestro país no hay legislación que indique cómo debe publicarse una encuesta; ¿inciden en el voto de la gente, establecen opinión?, preguntará Usted: parte de la biblioteca dice que sí, parte que no, pero es una discusión para otro análisis. Punto y aparte. Cambiemos el foco de atención.
Según una información publicada por un destacado y decano medio grafico de nuestro país “En un mapa mundial de riesgo político para los inversores, la Argentina está entre los peores”, verhttp://www.lanacion.com.ar/1773529-mapa-de-riesgo-politico-aon-argentina-cuba-bolivia-venezuela
Resalta que la empresa AON, “una de las mayores compañías del mundo en gestión de riesgos, seguros y consultoría”, presentó el "mapa de riesgo político 2015", en el que califica a la Argentina como de "alto riesgo".
El texto brevemente da cuenta de la información dada a conocer por la empresa, en contraste con el grandilocuente título en su manifiesta significancia. Seis párrafos con poco más de 200 palabras bastan al medio grafico para explicar la toma de posición de una empresa mundial, hasta con sede en Argentina, que les aconseja a inversores invertir o no en tal o cual país del mundo.
La primera intención es ir al mapa mundial referido, la pregunta que aparece es por qué Estados Unidos, México, Chile, Alemania, Gran Bretaña, entre otras naciones no se encuentran calificadas; “unrated” se lee en ingles al señalar esos países. Pero tampoco están las complicadas en términos económicos Italia, España, Grecia. La explicación de porqué hay unos países y otros no, en la nota no se encuentra.
Puedo inferir porque no tienen riesgo político, ¿Grecia y su nuevo gobierno?, ¿España y su crisis económica?, ¿Italia y su debacle no merecen comentarios? ¿Y Turquía tampoco, y Rumania?
Dicho esto, y yendo a la construcción del informe. A quien consulta AON para adjudicar estas calificaciones, ¿a empresarios de cada país?, ¿de empresas de capitales extranjeros y nacionales?, ¿empresas automotrices, alimentarias, de servicios, de producción primaria?, ¿empresas que exportan, que se dedican al mercado interno?, ¿pymes y mini pymes también?, ¿consulta a embajadores de países?, ¿ a políticos opositores y oficialistas?, ¿legisladores y jueces?, ¿a funcionarios?, ¿también empresas del interior o solo de grandes urbes?, ¿ y a las cámaras empresarias?, ¿al sector financiero?, ¿y a las universidades públicas y privadas?, ¿con cuántas consultas establece la escala?, ¿se ponderan los resultados y se adjudica un promedio, o todos responden lo mismo?, ¿y qué preguntan?, ¿cuántas preguntas?, ¿de qué forma se consultó?, ¿es anónima?, ¿quién responde?, ¿el sector finanzas?, ¿legales?, ¿recursos humanos?, ¿la casa matriz?, ¿un CEO?, etc.
Usted podrá aseverar que de algún lado salen los datos, ¿pero no se debería informar cómo se confecciona esta escala?, ¿o debo creer sólo con ver quién la hizo o quién la publicó?
¿Esta información no genera sentido, opinión, mirada? ¿No deberíamos pedir mayor rigurosidad profesional? ¿No se es así también responsable de sospechas de manipulación, de generar tendencias, incertidumbres, miedos?
La respuesta podría girar en torno a:”la encuesta es un método científico estadístico, no le pidamos la misma rigurosidad a una nota periodística”. Cuando una nota construye sentido, establece opinión, crea discurso, también es esperable que se atenga a cánones similares a la rigurosidad científica.
                               
*Lic. Gustavo F. González: Director del CICEOP -Centro de Estudios de Opinión Pública- Facultad de Periodismo y Comunicación Social UNLP

lunes, 2 de febrero de 2015

La democracia estereotipada. Escribe. Lic. Gabriel Negri (*)





El aserto de asociar democracia con el estricto cumplimiento de los deseos, aspiraciones y voluntades políticas de los ciudadanos, es quizás uno de los estereotipos de más larga duración en la construcción de la opinión pública. Cuando se vulneran las aspiraciones del electorado y los funcionarios públicos se convierten en personajes extraterritoriales, se instala un estado de opinión dominante que denuncia el carácter artificial de la democracia y del sistema representativo. A la democracia y al gobierno representativo se los presenta como dos caras de una misma moneda. Se olvida que si bien la democracia “es un sistema de derechos positivos, no genera automáticamente las condiciones requeridas para el ejercicio efectivo de esos derechos” (Przeworski, 1998, p.35).

Así el poder “se ejerce fundamentalmente construyendo significados en la mente humana mediante los procesos de comunicación que tienen lugar en las redes multimedia globales-locales de comunicación de masas” (Castells, 2010, p.35). En este contexto, los medios promueven relatos tautológicos y visiones estereotipadas de la realidad. Aunque, en términos de Castells, las relaciones de poder siempre son específicas para una configuración determinada de actores e instituciones.

Una de las claves es comprender que “ya no se trata solamente del , del cual se comenzó a hablar en el siglo XIX. Se trata de un desarrollo nuevo, intenso y generalizado, abarcador y predominante de los medios en el ámbito de todo lo que se refiere a la política. Un predominio que desafía a los clásicos poderes legislativo, ejecutivo y judicial, así como a los partidos, a los sindicatos, a los movimientos sociales y a las corrientes de opinión pública” (Ianni, 2004: p.2).

El desafío es analizar qué rol juegan los estereotipos sobre la mirada que la ciudadanía construye respecto de las formas de gobierno y de qué manera influye tal estado de cosas en la relación que existe entre las preferencias populares y las decisiones de los representantes (Nardacchione, 2005).

Estereotipos: ayer y hoy

Desde los estudios pioneros de Walter Lippmann, donde los estereotipos son imágenes de nuestra mente que favorecen la eficacia de los procesos de opinión, pasando por los estudios de Adorno sobre los judíos en Estados Unidos, hasta llegar a los ensayos de representaciones sociales de Serge Moscovici, podemos decir que los estereotipos “nos permiten encasillar, tipificar fácilmente a todo el mundo” (Rodrigo Alsina, 1996: p.52). Hay quienes prefieren la noción de representación social que a diferencia de los estereotipos no posee connotaciones negativas.

Sin embargo, “las ciencias sociales tienden actualmente a desplazar la cuestión hacia el uso que se hace de los estereotipos. Ya no se trata de “considerar a los estereotipos como correctos o incorrectos, sino como útiles o nocivos” (Amossy, Ruth, Herschberg Pierrot, Anne. 2011, p. 43). Para estos autores la multiplicidad de los enfoques enumerados no debe ocultar su común denominador: la concepción del estereotipo como factor de tensión y de disenso en las relaciones intercomunitarias e interpersonales.
En este segmento de utilidad-nocividad de los estereotipos, hacemos especial énfasis en la cuestión de la democracia como forma de gobierno. ¿Cómo ciudadanos, qué entendemos por democracia? El concepto de democracia circula en el imaginario colectivo como una idea cercana al gobierno del pueblo, donde los representantes toman las inquietudes de la sociedad y vuelven a representar esos intereses frente a los poderes públicos, privados y grupos de presión.

En gran parte de América Latina, la democracia no ha gozado de una buena prensa, por decirlo de algún modo. Rasgo entendible si tenemos en cuenta que la recuperación de las democracias en la región “no condujo a que los países alcanzaran tasas aceptables de desarrollo económico y de equidad en la distribución del producto social” (Ozlak, 2007, p.49). La apatía, la anomia, la desilusión y el desencanto de la población, con picos de entusiasmos cifrados en la esperanza de un bienestar mejor, han sido los rasgos de la expectativa sobre la democracia como forma de gobierno.

Es justo reconocer que la tendencia tiende a revertirse en países de la región a partir de una revalorización del Estado que le ha dado sustentabilidad a la democracia, porque en definitiva “un Estado fuerte no tiene nada de necesariamente antidemocrático” (Strasser, 1999, p.107). ¿Acaso puede suceder que la democracia no resulte después de todo, la mejor forma de gobierno? ¿O la cuestión es más sencilla y en verdad las formas de gobiernos con régimen de distintos tipos, entre ellos la democracia?

Males – Entendidos

Wollin (1983, p.75) afirma que “el poder depende en buena medida de una acumulación histórica de disposiciones”. Descartada la idea de un tratado sobre la historia de la democracia, basta recordar que los griegos vivieron en alguna medida formas de democracias directas, a pesar de que no llegaba a la totalidad de la población, donde el núcleo central era la soberanía popular. Luego vino la democracia representativa, de carácter indirecta, con sus aristas más salientes de libertades, garantías y derechos individuales ordenados en una constitución.

Repasemos la cuestión. La génesis del gobierno representativo tiende a plasmar un gobierno de elites habilitados por medio de elecciones, para manejar la cosa pública, los asuntos públicos. La democracia se convierte en un método y no un fin en sí mismo. Schumpeter (1963, p.239) concibe a la democracia como un sistema institucional, que llega a decisiones políticas, en el cual los individuos adquieren el poder de impulsar esas decisiones al término de una lucha competitiva por los votos del pueblo. El objetivo de la democracia es sólo conseguir un orden institucional al igual que el mercado, en el que los distintos grupos y personas compiten para ganarse el voto de los electores, de los consumidores políticos. Se desprende que la radicalización de las expectativas ciudadanas o una participación excesiva desestabilizan el sistema, lo hace ingobernable, es la llamada inflación de las demandas sociales.

Aquí nos debemos un paréntesis para advertir sobre una idea que llevó a distinguir la democracia representativa de la directa y donde ambos regímenes aparecen como variantes de la democracia.

Si hablamos de la democracia directa, sus principios se basan en la autonomía del pueblo. Pero como bien señala  el “gobierno representativo preserva una distancia de los representantes”. Manin (2005, p.52).

Para Strasser (1995, p.34), en la actualidad se llama democracias a lo que “en rigor son gobiernos mixtos en estados de derecho o al revés, estados de derechos con gobiernos mixtos”. Su tesis expone que en la democracia de hoy conviven y se combinan con las formas democráticas mismas otros regímenes políticos. Es el gobierno mixto, un régimen político mixto de gobierno del Estado. ¿Cuáles son los otros regímenes? La oligarquía, la burocracia, la tecnocracia, la partidocracia y el corporativismo. Observa que la ventaja de la democracia reside en el plano constitucional como en el de la opinión pública o imaginario o sentido común, que es considerado como un régimen legítimo. Así la democracia de representativa se ha convertido en representada. Su objeto no es tanto el autogobierno, ni siquiera indirecto, cuanto la constitucionalización y puesta en vigencia de las libertades, los derechos y las garantías relativos a los ciudadanos y, en general, a los habitantes del país”.

La crítica a la representación puede rastrearse en los prolongados caminos de la historia. Por ejemplo, Rousseau era partidario de una aristocracia electiva al tiempo que marca la imposibilidad de un Estado democrático. ¿Por qué? Porque el gobierno es la administración y por lo tanto, es imposible que el pueblo pueda administrar. Pero, dice Rousseau, aún si esto fuera posible, sería inconveniente, porque la voluntad general no se ocupa de casos particulares. El hombre de Rousseau no es el animal político, es el hombre que solo vive feliz. Rousseau critica el sistema representativo pero sugiere que es importante la tarea del legislador ya que el pueblo quiere siempre el bien, pero no sabe cómo. El gobierno para Rousseau, no es una cuestión de muchos, aunque admite que el pueblo pueda participar en, por ejemplo, la elección del rey. Es oportuno subrayar que “a excepción de la crítica de la representación, las propuestas institucionales de Rousseau han sido tratadas como curiosidades periféricas” (Manin, 2005, p.52).

En el siglo XVIII aparece en EEUU la posición de los llamados federalistas, quienes se impusieron ideológicamente al momento de sancionar la Constitución. El gobierno cumple el mandato del pueblo y se vincula a diario con la publics views (opinión pública). Pero la Declaración de Independencia de los EEUU no fue “como lo supusieron a menudo las generaciones posteriores, construcciones abstractas e ideales sin base en la experiencia, sino una recapitulación de casi cien años de práctica, aunque todas las nociones del tal cuerpo político fueron desafiadas a lo largo de la década de 1780 por un movimiento en que confluían las clases sociales más altas y los intereses económicos más poderosos. Ese movimiento produjo la Constitución con su muy diferente concepción de la colectividad y el poder” (Wollin, 1983, p.78). En este país “el secreto ha enmarcado las deliberaciones del Congreso Continental, así como aquellas de la Convención de Filadelfia. El primer Senado elegido de acuerdo con la nueva Constitución, decidió al comienzo que sus debates fueran secretos, pero esta práctica fue abandonada después de cuatro años. En Francia, los estados generales optaron en sus primeras sesiones por darles a ésta carácter público y las deliberaciones de las asambleas revolucionarias se desarrollaron ante un auditorio” (Manin, 1992, p.15).

En el siglo XX ya no estamos en presencia de la sociedad de masas, sino de la sociedad de medios, que en realidad no son medios, sino fines. En la opinión de Sartori (1993), señalado como el inventor del término video-política, la democracia representativa ya no se caracteriza por el gobierno del saber sino por el gobierno de la opinión. “Lo que equivale a decir que a la democracia representativa le es suficiente, para existir y funcionar, que el público tenga opiniones suyas, nada más, pero, atención, nada menos” (Sartori,1993, p.70). El politólogo italiano también ensaya su definición de opinión pública delimitada a la cosa (res) pública. “Una opinión se denomina pública, por lo tanto, cuando se dan conjuntamente dos características: la difusión entre lo públicos y la referencia a la cosa pública” (Sartori, 1999, p.170).

Desde una mirada liberal no es que haya un nexo forzado entre democracia y opinión pública, sino que esa ligazón se debe a que “la primera es el fundamento esencial operativo de la segunda. Cuando afirmamos que la democracia se basa en la soberanía popular indicamos únicamente, o sobre todo, su principio de legitimación. Queda el hecho de que un soberano vacío, un soberano que no sabe y no dice, es un soberano de nada, un rey de copas. Para ser del algún modo soberano el pueblo debe, por lo tanto, poseer y expresar un ; y la opinión pública es precisamente el contenido que proporciona sustancia y operatividad a la soberanía popular” (Sartori, 1999, p.172).

Pero a propósito de la irrupción de los medios, un cosas es la opinión pública y otra bien distinta son los estados de opinión dominante instalados por los medios como criterios de verdad. No debemos olvidar que la opinión pública puede ser una construcción artificial pero al mismo tiempo las sociedades son capaces de construir sus propios consensos. Como bien señala Robert Darnton (2008), aunque su análisis está situado en el estado de la opinión pública en la Francia pre revolucionaria, la opinión pública es un conjunto de prácticas sociales efectivas y escenarios e instituciones concretas.

También se habla de democracia deliberativa, término definido por Joseph Bessette, que hace referencia a un modelo normativo que pretende actuar a modo de complemento de la llamada democracia representativa. Habermas adhiere a esta noción como una forma de continuar su idea de la acción comunicativa en el orden institucional. A renglón seguido, la democracia depende de procedimientos y de las instancias comunicativas que institucionalizan el discurso público. Así, argumentan sus defensores, se da una topología del espacio público (Muraro) donde los políticos, técnicos y opinión pública interactúan como actores destacados del orden democrático.

El modelo deliberativo “puede ser visto, desde el mundo de la política, como una reacción en clave reformista a la crisis de la democracia liberal y, desde el ámbito académico, como una respuesta ante la insatisfacción generada por las teorías economicistas y elitistas hegemónicas durante gran parte del siglo XX que pretendían describir fielmente el funcionamiento de las democracias” (Velasco, 1983; p.75). En el marco de esta misma idea, detectamos una instancia comunicativa ya que los ciudadanos que deliberan necesitan dar a conocer sus opiniones, sus ideas. Así “los defensores de la democracia deliberativa sostienen que la deliberación no solo es el procedimiento que otorga mayor legitimidad, sino que también es el que mejor asegura la promoción del bien común” (Velasco, p.76). De igual modo, la “diferencia entre la representación y autogobierno del pueblo no se vincula con la existencia de un cuerpo de representantes sino con la ausencia de mandatos imperativos” (Manin, 1992; p.13).

Reflexiones finales

En conclusión, puede resultar aceptable la idea que la humanidad nunca conoció la democracia, ni siquiera los griegos y que el concepto tenga más que ver con una rendición de cuentas (accountability): la idea que los funcionarios deban responder ante una autoridad externa por sus conductas en el ejercicio de la función pública.

De manera hipotética, bien pudiéramos aceptar que estamos en presencia de estados de derecho con gobiernos mixtos, un régimen mixto de gobierno del estado que convive con otros regímenes como la burocracia, la tecnocracia, la partidocracia y el corporativismo. La clase política no tiene más que ganarse la opinión y el voto del electorado, de los ciudadanos. Los políticos toman nuestro lugar en un contexto donde predomina la volatilidad del electorado, donde se votan imágenes. Y esto va más allá de la educación, porque más educación no se traduce en una mejor elección de la oferta electoral. Estamos en presencia de votantes oculares, que saben más por ver que por conocer, sumado al quiebre de las identidades políticas duraderas

No siempre fue un camino fértil pensar nuevas formas de gobierno. Con el auge de la democracia, especialmente en gran parte de América Latina, las críticas resultaban imposibles porque lo habitual era estigmatizar a quien formulase las críticas como partidario de la dictadura militar. La secuela dictatorial era muy fuerte debido, entre otras cosas, a una larga tradición autoritaria en la Argentina que logró solidificar un estigma sobre el “distinto” y no hablamos de estigma en el sentido griego, como referencia a signos corporales intentando exhibir algo mal o en el estigma de la primera etapa del cristianismo, -en alusión metafórica a los signos corporales de la gracia divina, sino al sentido actual para designar preferentemente al mal en sí mismo (Goffman, 1963; p. 11).

La excepción no confirma la regla, por el contrario, puede refutarla, ponerla en tela de juicio. La excepción bien pudieran ser el gobierno de opinión, y el gobierno de la opinión no necesita, en muchos casos, de las estructuras partidarias clásicas. Berlusconi, en Italia, Collor de Melo, en Brasil son algunos de los ejemplos. ¿Los gobiernos de opinión y con base en grandes corporaciones podrán cambiar las reglas del juego?

La democracia no solo está estereotipada por los medios, sino por los ciudadanos que construyen la percepción de un objeto a partir de las fuentes de información que reciben. Pero a los ciudadanos les cabe un grado de responsabilidad, mínima se dirá, pero un grado de responsabilidad al fin. En algunos casos la percepción está en sintonía con la del resto de la sociedad más allá de las adhesiones partidarias y preferencias periodísticas. En otros, hay una disrupción respecto de los significados de un acontecimiento.

En la mayoría de los casos, no hay una espontaneidad en los procesos políticos, más bien responden a procesos de construcción mediática entre los actores del espacio público en función de los medios y de las agendas que las alianzas establecen. Por lo tanto, el representante, el concejal, diputado o senador, asume un nuevo rol: relevar los problemas de la sociedad, llevarlo al espacio público preferentemente a través de los medios y tratar que prevalezca en la construcción de la agenda política.

Es altamente probable el aserto de que la personas votan imágenes, argumento que refuerza aún más este aspecto donde el representante no es ya el portavoz, quien vuelve a representar los derechos de la ciudadanía, sino un representante autorreferencial y atado a las lógicas de su partido y de los grupos de presión que lo sostienen. ¿Aunque por otra vía, volvemos a regímenes elitistas, de rasgos feudales?

Un ejemplo evidente: el gobernador de la provincia de Buenos Aires impulsó durante el 2011 una ley de promoción del hábitat popular por el cual los barrios cerrados, los countries y cementerios privados deberían ceder un 10% de sus terrenos, en ese lugar, en otros o su equivalente en pesos, para que los municipios puedan construir viviendas sociales. Franciso de Nárvaez, diputado del bloque Unión Celeste y Blanca, rechazó la iniciativa porque consideraba un avasallamiento del Estado sobre la propiedad privada. Los buscadores virtuales pueden tener la respuesta si nos aventuramos a un clic con de Narváez para llegar al sitio de emprendimientos inmobiliarios. Habermas lo llama interés privado disfrazado de interés público.

No hace falta una sutil taxonomía social para aseverar que “la discusión deliberativa no tiene lugar en el parlamente que permanece dominado por la disciplina del voto”. (Manin, p.39). Es cierto que la sociedad se vale de otros mecanismos para crear sus propios consensos más allá de las alianzas volátiles entre los medios, los periodistas y los ciudadanos.

No hay duda de que “los periodistas no inventan en su totalidad los problemas de que hablan; incluso pueden llegar a pensar, no sin razón, que contribuyen a hacerlos conocer y a incorporarlos, como suele decirse, al . Sería ingenuo quedarse en esa constatación. No todos los malestares son igualmente , y los que lo son sufren inevitablemente una cierta cantidad de deformaciones desde el momento en que los medios los abordan, puesto que, lejos de limitarse a registrarlos, el trabajo periodístico los somete a un verdadero trabajo de construcción que depende en gran medida de los intereses propios de ese sector de actividad”. (Champagne, 2000; p. 1-2).

Si retomamos la idea inicial de los estereotipos útiles y nocivos, no hay duda que consolidar una versión estereotipada de la democracia ha sido de utilidad por su asociación a determindas cuotas de libertad y goce efectivos de derechos. De la nocividad, podemos decir que es evidente, porque ni la democracia, ni los sistemas de representación pueden asociarse a una estricta voluntad popular, al deseo y a las aspiraciones de todos.
Se corre el riesgo de un desprecio creciente hacia a la democracia como forma de gobierno, al igual que los griegos, pero en sentido contrario No ya por representar el gobiernos de los muchos, sino por representar al gobierno de un pocos que alteran las decisiones y la agenda de acuerdo a los intereses particulares, disfrazándolos de intereses públicos.

Amossy, Ruth. Herschberg Pierrot, Anne. Estereotipos y clichés. Editorial Eudeba. Buenos Ares. 2011. Op. Cit. ; p. 43.
Amossy, Ruth. Herschberg Pierrot, Anne. Op. Cit.; p. 47.
Champagne, Patrick. La visión mediática, en Bourdieu, Pierre. La miseria del mundo. Fondo de Cultura Económica Buenos Aires, 2000.
Darnton, Robert. Los best sellers prohibidos en Francia antes de la Revolución. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires 2008.
Goffman Erving. Estigma. La identidad deteriorada. Amorrortu editores. Buenos Aires.1963.
Habermas, J. Historia y Crítica de la Opinión Pública. Ediciones G. Gili. México, 1994; p.42
Habermas, J. Teoría de la Acción Comunicativa. Editorial Taurus. Buenos Aires, 1989.
Ianni, Octavio. El príncipe electrónico. Revista de Ciencias Sociales, nº 10; p.26. Abril Septiembre. 2004. Universidad Nacional de Quilmes (Argentina).
Kaufmann,L. “Entre fiction et réalite.L´opinion publique dans la france du XVIIIe siécle”, en J. Fernández Sebastián et J Chassin, 8eds) L`avénement de l`opinión publique. Europe et Amérqiue XVIIIe – XIX, L`Harmattan, París, pp.91-107.
Manin, Bernard. “Lo que vendrá”. Publicación de la Carrera de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Social de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA). Año 2, nº3. Junio 2005; p. 52.
Muraro, Heriberto. Políticos, periodistas y ciudadanos. Editorial Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires 1998.
Nardacchione, Gabriel. “Lo que vendrá”. . Publicación de la Carrera de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Social de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA). Año 2, nº3. Junio 2005; p. 56.
Rodrigo Alsina, Miguel. “Etnocentrismo y medios de comunicación”, en Voces y Cultura. Revista de Comunicación, n°10, II Semestre, 1996. España; p.52.
Schumpeter, Joseph. Capitalismo, Socialismo y Democracia. Editorial Aguilar. Madrid-México-Buenos Aires; 1963; p.239.
Strasser, Carlos. Democracia III. La última democracia. Editorial Sudamericana. Buenos Aires. Argentina. 1995; p.34.
Velasco, Juan Carlos. Democracia y deliberación pública, en Revista de Pensamiento Político, nº6. 2009. México.
Wolin, Sheldon. Los dos cuerpos políticos de la sociedad estadounidense, en revista Crítica y Utopía Latinoamericana de Ciencias Sociales, nº9. Buenos Aires. Mayo. 1983; p. 78.
Castells. Manuel. Comunicación y Poder. Editorial Alianza. Madrid. España. 2010. p. 535.
Przeworski, Adam. Democracias sustentables. Editorial Paidos. Buenos Aires. Argentina.1998; cap.2; p.61.
Sartori, Giovanni. Homo Videns. La sociedad teledirigida. Editorial Taurus. España. 1997.
Sartoir, Giovanni. La opinión pública, en Elementos de teoría política. Alianza Editorial. España.1999.

(*) Profesor Adjunto Cátedra Opinión Pública 1. Integrante del Centro de Investigación y Capacitación en Estudios de Opinión Pública. 

lunes, 10 de marzo de 2014

Referencia sobre algunos textos de la asignatura.



Bourdieu, Pierre. La Opinión Pública no existe. Revista Voces y Culturas Nº 10, II semestre 1996. España. El artículo de Pierre Bourdieu “La opinión pública no existe” es un ejemplo paradigmático del trabajo marcada a la vez por la imaginación sociológica y el rigor del análisis. Escrito hace más de 30 años, este artículo constituye una de las aproximaciones más potentes y fértiles al estudio de los procesos de formación de la opinión pública. Su influencia ha sido especialmente significativa en la sociedad crítica francesa y en cierto sentido, con la perspectiva del tiempo, se puede ver hoy como una auténtica carga en profundidad contra las visiones convencionales que predominan acerca de la opinión pública, especialmente en su dimensión epistemológica.





 
 
Habermas, J, Historia y Crìtica de la Opinión Pública. La transformación estructural de la vida pública. Gustavo Gilli, Brcelona, 2002; cap. VII. La evolución de lo “público” a lo largo de la historia, en constante dialéctica con el espacio de “lo privado”, es lo que permite caracterizar el concepto de “opinión pública” que aparece con el ascenso político de la burguesía, mediante instituciones como el pensamiento, la prensa, o los mismos clubes y cafés literarios y políticos. Esta Historia y Crítica de la opinión pública desarrolla una teoría de la sociedad imprescindible para la comprensión del pensamiento crítico de los años sesenta, pero ofrece además un instrumento histórico y conceptual básico para la sociología de los fenómenos comunicativos en la sociedad contemporánea.







Mora y Araujo, Manuel. El poder de la conversación. Elementos para una teoría de la opinión pública. Editorial La Crujía Ediciones. Buenos Aires; 2005. Introducción y capítulo I. Cómo se forman las opiniones de las personas? Son más bien un producto de la razón o de las pasiones? Cómo se genera la opinión pública a partir de las opiniones individuales? Es la opinión pública la expresión del conformismo del ser humano o el motor de los cambios sociales? Cuál es la contribución de las encuestas de opinión a la consolidación de los procesos democráticos?Originalmente concebido como un curso, el presente libro es un tratado sistemático que filtra las ideas del autor a través de las distintas vertientes del pensamiento sociológico.Desarrollado en un estilo coloquial, ameno y a la vez muy informado, culmina décadas de estudios, consultoría y artículos científicos y periodísticos.








Morduchowicz, Roxana. Los adolescentes del siglo XXI. Los consumos culturales en un mundo de pantallas. Editorial Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires. 2013,
El dinamismo del universo tecnológico y los cambios mediáticos producidos en las últimas décadas han suscitado fuertes transformaciones en la manera en que los adolescentes forman su identidad, se relacionan con el otro, adquieren saberes y construyen conocimientos, es decir, en el modo en que conciben el mundo. Frente a esto, Roxana Morduchowicz se propone explorar el acceso, el significado y los modos de uso de los medios de comunicación y las tecnologías entre niños y jóvenes de 11 a 17 años y, a partir de una investigación cuantitativa, traza una radiografía del consumo cultural de los adolescentes del siglo XXI. Así, analiza la relación de los jóvenes con la televisión, la radio, los diarios, las revistas, la música, los libros, el teatro, el cine, el celular, la computadora e Internet, y demuestra que la mediación de las pantallas, lejos de anular la vida social de los adolescentes, ha generado nuevas formas de sociabilidad.
Tal como afirma la autora, "este libro propone una puerta de entrada a la identidad adolescente, con base en la idea de que sólo si nos acercamos a la cultura juvenil será posible conocer y comprender mejor quiénes son los adolescentes del siglo XXI".


 
Muraro, Heriberto. Políticos, periodistas y ciudadanos. Editorial Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires; 1998. Capítulos 3 y 4. En los últimos años, la vida política ha abandonado sus escenarios tradicionales para trasladarse a los medios masivos. A este fenómeno de la videopolítica se suma el auge del periodismo de investigación, y ambos se retroalimentan. Qué hacen los políticos con los medios y qué hacen los medios con los políticos, pero también el papel del ciudadano en este nuevo escenario y cómo situarse en relación con él para establecer sus propios criterios, son algunos de los temas que H. Muraro aborda en este libro. Escrito en un lenguaje claro, es una contribución fundamental para comprender el funcionamiento del poder en la cultura de la imagen.





 


Noelle Neumann, Elisabeth. La espiral del silencio. Opinión Pública: nuestra piel social. Editorial Paidós. Barcelona, 1995; selección de textos. En esta obra pionera, Elisabeth Noelle-Neumann estudia la opinión pública como una forma de control social en la que los individuos, percibiendo casi instintivamente las opiniones de quienes les rodean, adaptan su comportamiento a las actitudes predominantes sobre lo que es aceptable y lo que no. A través de la exposición de una de las más contundentes teorías sobre el tema, el texto acaba convirtiéndose en una importante contribución no sólo a la progresiva construcción de una historia de la opinión pública, sino también, por poner dos ejemplos concretos, a la comprensión del comportamiento de los votantes en general, o al esclarecimiento de las relaciones entre el hombre moderno y los medios de comunicación. Una lectura obligatoria, así, tanto para los científicos sociales interesados por la formación de la opinión pública, como para todos aquellos que sientan cierta curiosidad por conocer un poco más el papel que ésta desempeña en la sociedad contemporánea. Elisabeth Noelle-Neumann es directora del Centro de Investigación de la Opinión Pública de Allensbach (Alemania) y profesora de Investigación de las Comunicaciones en la Universidad de Mainz.

Price, Vincet. Opinión Pública. Editorial Paidós. España. 1994; caps.3,4,5. Vicent Price es profesor del Departamento de Comunicación del Institute for Social Research de la Universidad de Michigan, y miembro del consejo de redacción de Public Opinion Quarterly. En este volumen dedicado a la opinión pública, Vicent Price analiza uno de los temas principales de nuestro tiempo. La comunicación, en muchos aspectos, ha estado inextricablemente unida al análisis de la opinión pública durante generaciones, pero gran parte de los vínculos que las relacionaban se han mostrado hasta ahora opacos. De ahí que Price se dedique a aclarar las muchas formas en que la opinión pública es, en lo esencial, un concepto relacionado con el proceso y los efectos de la comunicación. Y de ahí también que acabe proporcionando un modelo que revisa lo publicado anteriormente y señala el camino a futuras investigaciones que quieran incorporar el papel de periodistas, políticos y encuestadores a la construcción del discurso público. Un libro, pues, tan adecuado para los estudiantes de comunicación como para quienes se acercan al tema procedentes de otros campos, ya sean las ciencias políticas, la sociología o la sociopsicología.


Sartori, Giovanni. Elementos de Teoría Política. Alianza Editorial. 2005. Giovanni Sartori reúne en este volumen una serie de conceptos y términos clave en teoría política, con el fin de ofrecer un marco de los grandes temas de la política. Todos los conceptos que recoge --constitución, democracia, dictadura, igualdad, ideología, liberalismo, mercado, opinión pública, parlamento, política, representación, sistemas electorales, sociedad libre, técnicas de decisión y videopoder-- son abordados analíticamente y en su desarrollo histórico. Asimismo, realiza una exploración de los fundamentos constitutivos de cada sistema político y reflexiona sobre el destino de la sociedad liberal-democrática en el mundo contemporáneo.







Paula Sibilia: La intimidad como espectáculo. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, 2009. En la intimidad como espectáculo Paula Sibilia analiza las claves con las que se presenta la exhibición de la intimidad en la escena contemporánea y los diversos modos que asume el yo de quienes deciden abandonar el anonimato para lanzarse al dominio del espacio público a través de blogs, fotologs, webcams y sitios como YouTube y FaceBook. La reflexión gira también alrededor de otras manifestaciones que han tenido lugar en la última década, como parte del mismo fenómeno cultural que conduce al impulso irrefrenable de "hacerse visible": los reality-shows y los talk-shows de la televisión, el auge de las biografías en el mercado editorial y en el cine, el surgimiento de nuevos géneros como los documentales en primera persona y las variaciones que ha tenido el autorretrato en los diversos campos artísticos.
A partir de la hipótesis de que todos estos fenómenos representan un momento cultural de transición que anuncia una verdadera mutación en las subjetividades, Paula Sibilia analiza el veloz distanciamiento que se ha producido en los últimos años respecto de las formas típicamente modernas de ser y estar en el mundo, y de aquellos instrumentos que solían usarse para la construcción de sí mismo, hoy casi totalmente eclipsados.
La intimidad como espectáculo pone en relación, de modo dinámico e inteligente, las formas actuales de construir la subjetividad con otras modalidades de relatos de sí, que van desde el diario íntimo hasta el psicoanálisis, pasando por todas las formas de introspección. Esos viejos métodos de autoconocimiento fundaron sus creaciones subjetivas en una interioridad que era tan rica como densa, en una vida interior misteriosa y oculta pero, al mismo tiempo, sumamente fértil y estable, que se cultivaba en el silencio y en la más absoluta soledad del ámbito privado.



Cheresky, Isidoro. La política después de los partidos. Prometeo Libros. Buenos Aires; 2006. La fortaleza de los partidos políticos ha sido considerada un signo distintivo y uno de los pilares de la democracia. Los mismos han llegado a constituirse en sinónimos de la competencia política y del pluralismo en la vida pública. Hoy se constata, sin embargo, que los partidos están dejando de ser, o ya no son, lo que eran. Lo que se ha debilitado, es la identidad partidaria; es decir, los partidos como proveedores de una cosmovisión, que generaba adhesión permanente y suministraba estabilidad a la escena política, parecieran haber perdido vigencia. A la vez, la ampliación y fluidez del espacio público se traduce en la gran significación que adquirieron las elecciones como expresión privilegiada de una ciudadanía poco identificada con pertenencias asociativas o corporativas y más interpelada por nuevos liderazgos de popularidad. Las elecciones delimitan el período de mayor intensidad política, sus resultados son generalmente inciertos y, suelen poner en juego la posibilidad de un cambio de rumbo. El doble desafío que enfrentamos es, entonces, encontrar la manera de adaptar las instituciones representativas y políticas a la irreversible mutación que se ha producido en la vida pública de nuestras sociedades, evitando, al mismo tiempo, una excesiva concentración de poder. Este libro tiene el propósito de favorecer la actualización conceptual en el estudio de las democracias contemporáneas.


Germano, Carlos. Política y Marketing Político en Acciones para una buena comunicación en campañas electorales. Manual de Marketing y Comunicaicón Política. Asociación Civil Estudios Populares y Konrad Adenauer Stiftung. Buenos Aires; 2003.



Martinez Pandiani, Gustavo. Marketing Político. Marketing Político. Campañas, Medios y Estrategias Electorales. Ugerman Editor. Buenos Aires; 1999. El objetivo de este libro es presentar una visión integral y comprensiva de una disciplina en pleno desarrollo. En una primera aproximación, podría decirse que el Marketing Político se ocupa de descubrir, analizar, interpretar y recrear aquellos aspectos estratégicos y tácticos que están presentes en toda campaña electoral y que nutren, hoy por hoy, la actividad partidaria y la acción de gobierno.En el marco del "paradigma mediático" en el cual se desempeña actualmente la mayoría de los actores políticos y gubernamentales, se hace menester desarrollar una visión estratégica adecuada a los tiempos modernos. Esta visión no ignora la relevancia de los contenidos sustantivos, ideológicos e históricos del proceso político. Por el contrario, los profesionales del Marketing Político ofrecen a los candidatos y sus equipos un portafolio de herramientas comunicacionales y publicitarias cuyo fin es, precisamente, fortalecer las ideas y propuestas políticas, presentándolas al electorado en forma más atractiva.El esfuerzo realizado en la elaboración de este libro tuvo una doble motivación. En primer lugar, que existe una gran necesidad de contar con un texto de Marketing Político escrito desde y para la Argentina. Nos referimos a un libro que combine una sólida y sistematizada base teórico-conceptual del Marketing Político moderno, con una actualizada referencia práctica a las más recientes campañas electorales de nuestro país. En este sentido, el autor ha analizado las estrategias políticas, articulaciones discursivas e iniciativas publicitarias utilizadas por los principales candidatos desde 1983 hasta 1999. Se ha incluido especialmente el análisis de gran parte de las campañas presidenciales que se desarrollaron en forma simultánea a la elaboración de esta obra: las de Eduardo Duhalde y Fernando de la Rúa.En segundo término, al autor le impulsó a escribir este libro su percepción acerca del modo en que las estrategias electorales son concebidas y puestas en práctica por parte de un gran número de equipos de campaña de nuestro país.Observamos que, en numerosos casos, la carencia de planificación estratégica conlleva una administración de recursos ineficiente derivada de los altos niveles de dispersión con que se manejan los actores involucrados.He aquí, en la opinión del autor, el verdadero rol del profesional del Marketing Político: proveer a la campaña de un enfoque integrador de los diversos aspectos de planificación y gerenciamiento que la constituyen. De allí que presente en este libro una concepción del Marketing Político cuyo eje es la coordinación estratégica de tres niveles de planeamiento y ejecución: la estrategia política, la estrategia comunicacional y la estrategia publicitaria.
Rey Lennonn, Federico. Piscitelli Murphy, Alejandro. Pequeño manual de encuestas de opinión pública. Editorial la Crujía. Buenos Aires; 2004. La encuesta es una herramienta de recolección de información. Quizás sea hoy en día la más utilizada en las ciencias sociales para saber "qué piensa la gente". En nuestros días, los políticos se han hecho tan dependientes de las encuestas, que muchos son prácticamente incapaces de tomar una decisión sin consultarlas. De alguna manera, los sondeos han sustituido la reflexión en la política real y en la información política que proveen los medios de difusión.Esto es de por sí preocupante, y más aún si se tiene en cuenta que las encuestas de opinión son un sucedáneo de diferente calidad. Los autores vuelcan en esta obra su reflexión académica y su experiencia profesional para orientar a los lectores acerca de qué es y qué se puede esperar de una encuesta, así como también proveen una serie de pasos metodológicos para perfeccionar su realización práctica. El Pequeño manual encuestas de opinión pública es una obra eminentemente práctica, una introducción clara y sencilla, útil para periodistas, comunicadores, especialistas en ciencias sociales y estudiantes, que aporta elementos esenciales para el análisis y la realización de sondeos de opinión.
 



Korn, Francis. Ecnuestas de opinión, ¿diagnósticos, pronósticos o pasatiempos? Desarollo Económico. revista de Ciencias Sociales N° 136. Enero-marzo 1995. Buenos Aires.
Jorrat, Jorge. Encuestas de opinión: evaluación de una crítica y referencia de la literatura para mejorar esta práctica. Desarrollo Económico. Revista de Ciencias Sociales Nº 138 Julio- Septiembre 1995. Buenos Aires.
Korn, Francis. Encuestas de opinión. Respuesta a una crítica de una crítica. Desarrollo Económico. Revista de Ciencias Sociales Nº 138 Julio- Septiembre 1995. Buenos Aires.



Vommaro, Gabriel. Lo que quiere la gente. Los sondeos de opinión y el espacio de comunicación política en Argentina (1983-1999). Prometeo Libros – Universidad Nacional de General Sarmiento. Buenos Aires, 2008. Este libro interroga una práctica que, por habitual, ha sido esquiva al análisis socio-político: el uso de las encuestas de opinión y de intención de voto por parte de políticos, expertos y periodistas. Es a partir de 1983 que dicho instrumento comienza su institucionalización como herramienta de inteligibilidad social y de construcción de discursos de pretensión representativa. Patrick Champagne afirma en el prefacio: “la introducción de las encuestas de opinión en política está ligada a modificaciones estructurales de los campos políticos y, aún más, de las sociedades. El gran mérito de la investigación de Gabriel Vommaro es haber comprendido esto de inmediato y haber analizado la introducción de la práctica de las encuestas en Argentina no por sí misma y en sí misma, sino como indicador, y también operador, de las transformaciones profundas que tenían lugar en todo el campo político y, aún más, en el campo social de Argentina (...). El enfoque elegido trata menos sobre los sondeos que sobre las relaciones entre encuestadores, periodistas y hombres políticos en el seno de un nuevo espacio que se constituye entonces, el de la comunicación política”.







domingo, 31 de marzo de 2013

Estereotipos y Economía: el trauma de la isla del tesoro

http://economia.elpais.com/economia/2013/03/22/actualidad/1363980589_009295.html

El trauma de la isla del tesoro

PAUL KRUGMAN 24 MAR 2013 - 

Hace un par de años, el periodista Nicholas Shaxson publicó un libro fascinante y descorazonador titulado Treasure Islands (islas del tesoro), en el que explicaba la manera en que los paraísos fiscales internacionales —que también son, como el autor señalaba, “jurisdicciones con secreto bancario” en las que muchas reglas no se aplican— debilitan las economías en todo el mundo. No solo escamotean los ingresos a unos Gobiernos escasos de dinero y facilitan la corrupción, sino que distorsionan el movimiento de capital, lo que contribuye a alimentar crisis financieras cada vez más grandes.

Sin embargo, una cuestión en la que Shaxson no profundiza demasiado es qué pasa cuando una jurisdicción con secreto bancario entra en quiebra. Esa es la historia de Chipre en estos momentos. Independientemente de cuál sea el desenlace para el propio Chipre (pista: seguramente no va a ser feliz), el lío de Chipre muestra hasta qué punto sigue sin reformarse el sistema bancario mundial, casi cinco años después de que comenzara la crisis financiera mundial.

En cuanto a Chipre: puede que se pregunten por qué le importa a alguien un pequeño país con una economía no mucho mayor que la del Scranton metropolitano, en Pensilvania. Sin embargo, Chipre es un miembro de la eurozona, de modo que los acontecimientos que tienen lugar ahí pueden provocar el contagio (por ejemplo, pánicos bancarios) en países más grandes. Y hay otra cosa más: aunque la economía chipriota sea diminuta, Chipre es un actor financiero sorprendentemente importante, con un sector bancario cuatro o cinco veces más grande de lo que se podría esperar si se tiene en cuenta el tamaño de su economía.

¿Por qué son los bancos chipriotas tan grandes? Porque el país es un paraíso fiscal en el que las corporaciones y los extranjeros acaudalados ponen su dinero a buen recaudo. Oficialmente, el 37% de los depósitos en los bancos chipriotas proceden de no residentes; la cifra verdadera, una vez que se contabiliza a los expatriados ricos y a las personas que son residentes en Chipre solo de nombre, seguramente es mucho más elevada. Básicamente, Chipre es un lugar en el que la gente —sobre todo, pero no solo, los rusos— oculta su riqueza tanto a los recaudadores de impuestos como a los reguladores. Independientemente del lustre que queramos darle, es básicamente una cuestión de blanqueo de dinero.

Los ricos siguen utilizando libremente los paraísos fiscales para evitar pagar impuestos como la gente de a pie
Y lo cierto es que gran parte de la riqueza nunca se movió; solo se volvió invisible. Sobre el papel, por ejemplo, Chipre se convirtió en un enorme inversor en Rusia, mucho mayor que Alemania, cuya economía es cientos de veces mayor. Naturalmente, esto no era en realidad más que “viajes de ida y vuelta” para los rusos que utilizaban la isla como refugio fiscal.

Desgraciadamente para los chipriotas, entró suficiente dinero de verdad para financiar algunas inversiones realmente malas, ya que sus bancos adquirieron deuda griega y concedieron préstamos para una inmensa burbuja inmobiliaria. Antes o después, las cosas estaban abocadas a salir mal. Y así ha sido.

¿Y ahora qué? Hay un fuerte paralelismo entre la situación en Chipre en estos momentos y la de Islandia (una economía de tamaño similar) hace unos años. Al igual que Chipre ahora, Islandia tenía un sector bancario enorme, inflado por los depósitos extranjeros, que era sencillamente demasiado grande para ser rescatado. La respuesta de Islandia fue básicamente dejar que quebraran los bancos y aniquilar a esos inversores extranjeros, a la vez que se protegía a los depositantes nacionales; y los resultados no fueron demasiado malos. De hecho, Islandia, con una tasa de desempleo bastante inferior a la de la mayor parte de Europa, ha capeado la crisis sorprendentemente bien.

Desdichadamente, la respuesta de Chipre a su crisis ha sido un absoluto desastre. Esto refleja, en parte, el hecho de que ya no tiene su propia divisa, lo que le hace depender de los responsables de tomar las decisiones en Bruselas y en Berlín, los cuales no han estado dispuestos a dejar que los bancos quiebren abiertamente.

Pero también refleja las pocas ganas del propio Chipre para aceptar el final de su negocio de blanqueo de dinero; sus líderes todavía están tratando de limitar las pérdidas para los depositantes extranjeros con la vana esperanza de que pueda reanudarse la normalidad, y estaban tan ansiosos por proteger a las grandes fortunas que han intentado limitar las pérdidas de los extranjeros expropiando a los pequeños depositantes nacionales. Al final, sin embargo, los chipriotas de a pie han manifestado su indignación, el plan ha sido rechazado y, a estas alturas, nadie sabe qué pasará.

Yo supongo que, al final, Chipre adoptará una solución parecida a la islandesa, pero a menos que acabe viéndose obligado a abandonar el euro en los próximos días —una posibilidad real— es posible que primero pierda mucho tiempo y dinero en medias tintas para evitar enfrentarse a la realidad al tiempo que incurre en deudas enormes con países más ricos. Ya veremos.

Pero detengámonos un minuto para pensar en el increíble hecho de que los refugios fiscales como Chipre, las islas Caimán y muchos más sigan funcionando más o menos igual que antes de la crisis financiera mundial. Todo el mundo ha visto el daño que los banqueros fuera de control pueden infligir, pero así y todo, gran parte del negocio financiero mundial sigue canalizándose a través de jurisdicciones que permiten a los banqueros esquivar hasta las normativas más suaves que hemos establecido. Todo el mundo se lamenta por los déficits presupuestarios, pero a pesar de ello, las sociedades anónimas y los ricos siguen utilizando libremente los paraísos fiscales para evitar pagar impuestos como la gente de a pie.

Así que no lloren por Chipre; lloren por todos nosotros, que vivimos en un mundo cuyos líderes parecen decididos a no aprender de los desastres.

Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de 2008

© New York Times Service 2013

Traducción de News Clips
http://economia.elpais.com/economia/2013/03/22/actualidad/1363980589_009295.html 

martes, 22 de mayo de 2012

jueves, 4 de agosto de 2011

“Jamás la humanidad conoció la democracia, ni siquiera los griegos”

El libro Transiciones desde un Gobierno Autoritario, escrito en 1986 por Philippe Schmitter, Guillermo O’Donnell y Lawrence Whitehead, cumple 25 años de pura influencia en procesos democráticos tan disímiles como el de Argentina, Corea o Sudáfrica. El politólogo estadounidense habló sobre la “democracia realmente existente” y la e-democracia. Un aporte para la discusión de la unidad 1, en especial la visión de la democracia en la opinión de Giovani Sartori.